ddCapítulo primero

 

Que se hubieran equivocado con el lugar y la hora no hubiera sido un problema, pero lo hicieron con el año… Esto es grave, tanto para ellos como para mí. Bueno, más para mí porque de nada me sirven en este escenario, tantos meses de preparación, ni siquiera mi ropa es adecuada y no digamos mi acento. Mi misión parece condenada al fracaso…”

De la gente que lo rodeaba, algunos solo curioseaban, unos estaban dispuestos a enfrentarlo, otros sentían que era su deber resguardarlo mientras llegaban las autoridades, unos pocos bromeaban a su costa, pero ninguno podía esconder el temor que les causaba aquella figura tan alta, de rasgos extraños, de hablar incomprensible, de ropa tan rara y sosteniendo en la mano un objeto diabólico. Aquel timbre de voz les parecía normal, pero la forma en que pronunciaba las palabras los confundía. Parecía preguntar algo pero la conmoción era tal que nadie entendía sus vocablos. De pronto pareció cansado, o quizás decepcionado por no lograr comunicarse. No se sentó, sino que se dejó caer como si de pronto le hubieran fallado sus fuerzas. Desde el suelo escudriñó en los ojos de aquellas personas y se dio cuenta que observaban su inservible GPS por lo que se apresuró a guardarlo en la bolsa de su camisa. Su maletín estaba entre sus pies, protegiéndolo por si alguien intentaba arrebatárselo.

Creo que estoy en la Edad Media. Varios siglos antes de que nazca Carl Nicde del’O, el científico al que yo debía contactar… Entre estos tipos que me rodean hay muchos que se han estado persignando, quizás porque no saben de dónde salí. Estoy seguro que no me vieron aparecer de la nada porque de haberlo hecho hubieran salido en carrera. Creo que es mi apariencia lo que les causa temor, y es lógico, pues mi vestimenta está diseñada para llegar al siglo XXII y no a este. Mis aparatos tecnológicos están fuera de época, no me sirven y no puedo deshacerme de ellos. También me parece que los empaques alimenticios me causarán problemas”.

De pronto la muchedumbre se movió para dejar pasar a un grupo de monjes acompañados de varios guardias. Dos de ellos levantaron al extraño mientras uno de los monjes recogía y revisaba el maletín.

  • Si alguien tocó a este demonio – dijo el monje-, que me siga, porque puede estar en peligro de muerte.

Al ver que ninguno del grupo se movía, se sintió complacido y se apresuró a alcanzar a los guardias que llevaban al prisionero. Este, mientras se dejaba llevar, había puesto el control de su implante cerebral en <datos exteriores> para que cualquier palabra captada pudiera ser analizada convenientemente. Así, al escuchar Crespy, su microprocesador AGDL-7689, le indicó que ese fue un tratado de paz firmado por Francisco I rey de Francia, con Carlos V rey de España, cuando éste derrotó a aquél en el año 1544.

Eso quiere decir que estoy en la Francia de más o menos 1544 y que estos monjes son miembros de la Inquisición. Seguramente la celda a la que me llevan no tendrá luz solar… Debo sacarle la máxima información a mi implante antes de que se descargue. <Dar – personajes históricos- nombre y apellido -profesión – Francia – mil quinientos cuarenta y cuatro – lista alfabética punto. Enter>” – ordenó.

Enseguida comenzó a recibir la siguiente información: Agatha Stuodlerin, prostituta acusada en Alemania de tener pacto con el diablo, condenada a muerte por ahogamiento; Agnes Fayolle, enfermera acusada de brujería y quemada en Aix-en-Provence; Anne Mamis, comadrona acusada de matar niños y quemada en Poitier; Antoine Teyssandier, profesor acusado de prácticas mágicas y condenado a muerte en la hoguera…

“<Stop. Dar-personajes relevantes- apellido y nombre – profesión- Francia- mil quinientos cuarenta y cuatro-lista alfabética punto. Enter>” – rectificó.

Calvino, teólogo y padre de la Reforma Protestante en visita a Grenoble; Carranza de Miranda Bartolomé, arzobispo y teólogo español muy influyente en la Reforma católica en visita a algunas imprentas de Paris; Castalión Sebastián, teólogo protestante y helenista, escritor considerado campeón de la libertad religiosa; (…); Châlon René, príncipe de Orange, conde de Nassau y Señor de Bréda; Cop Nicolás, Rector de la Universidad de la Sorbonne y conocido reformador protestante; Enrique II, heredero al trono de Francia, cargo que disfrutará por dos años pues morirá en un accidente durante un torneo donde recibió una herida en el ojo; Farel Guillaume, predicador y reformador protestante; Francisco I, rey de Francia, padre y restaurador de las Letras, conocido como el rey caballero y el rey guerrero; Francisco II, heredero al trono de Francia, nieto de Francisco I, hijo de Enrique II; Gui Bernardo, monje dominico, inquisidor en Toulouse, escritor de un manual del torturas; Julio III, sumo pontífice entre 1550 y 1555; (…); Lefèvre d’Etaples Jacques, sabio humanista y reformador moderado del catolicismo; Lutero Martín, teólogo, fraile católico agustino recoleto y reformador religioso en cuyas enseñanzas se inspiró la reforma Protestante; Marcelo II, sumo pontífice en 1555 ocupando el cargo tan solo veintidós días; Marot Clément, poeta; Nôtre Dame Michel, médico, astrólogo y cabalista; Ory Mathieu, teólogo, monje dominico e inquisidor de visita en Paris; Paulo III, sumo pontífice hasta 1549; Paulo IV, futuro Papa que comenzará su oficio en 1555 y lo terminará cuatro años después; Francisco Peña, doctor en derecho canónico y civil, escritor de Directorium inquisitorum; (…); Servet Miguel, científico y pensador que se ganó la enemistad de la Inquisición por lo que fue condenado a la hoguera en Suiza, escritor de Institutio Religionis Christianae; Simancas Diego, monje dominico, escritor del manual del inquisidor De Catholicibus institutionibus; Vaudémont Antoine, duque de Lorena y de Bar; (…).

La cárcel donde lo llevaron estaba silenciosa a pesar que vio a muchos prisioneros en algunas de las celdas por las que pasó. Los ojos que atisbó en la penumbra parecían opacos, sin vida, llenos de abatimiento moral. Los cuerpos que logró divisar parecían desnutridos o enfermos o moribundos. De pronto sintió que lo tiraban y se encontró aterrizando en un piso pedregoso, donde el ambiente era húmedo y sombrío y estaba solitario. En una de las paredes, alguien había escrito una frase que estaba borrosa, pero donde parecía decir: “Si estuviera en una cárcel civil, podría defenderme”. Esto parecía una verdad eterna, porque algunos años después le indicó el implante, la confinada Cornelia Bororquia le había escrito a su padre lo siguiente: “Si estuviera en una prisión civil, entonces podrías a lo menos venir a verme, sollozar, suspirar a mi lado (…), pero aquí no se permite entrar a alma nacida, como si nuestros crímenes verdaderos o supuestos fueran de mayor consecuencia que los de un ladrón, los de un asesino, los de un bandolero… ¡Dichosos, oh, vosotros presos de las cárceles públicas! (…) que sabéis quién os acusa, que se os permite la defensa”.

En tanto que el implante le funcionaba, pudo obtener datos valiosos sobre costumbres, comidas, fronteras, festividades, acontecimientos principales, descubrimientos científicos, plagas, guerras, filología y curiosidades de la época…

“Deberé confiar en mi memoria. Es imprescindible recordar algunos personajes. La verdad es que no se si me servirán para algo pero voy a suponer que sí. El más prometedor es ese Michel de Nôtre-Dame. 41 años. Curioso e investigador. A los 20 años ayudó a combatir la Peste Negra y en 1525 ya graduado de Medicina, cooperó para vencer la Peste Bubónica. Durante esa época viajó mucho y tubo contacto con doctores, alquimistas, cabalistas y místicos. Estoy seguro que a don Michel le interesaría toda la información que yo le podría suministrar de mi época y de la historia. A ver si recuerdo algo más… Mm, ah sí, en 1530 se le prohibió practicar la medicina y en 1537 la Inquisición lo interrogó debido a un comentario descortés que hizo sobre una estatua de la Virgen María. El año que viene se casará con Anne Ponsarde Gemelle a quien abandonará un par de meses después para vivir con Giselle Pierot. Lo interesante de este tipo, es que uno de sus tataranieto influyó con sus investigaciones, en el descubrimiento, control y utilización de la antimateria G-14-22”.

Al tercer día de estar encerrado, su implante cerebral ya no funcionaba. Había conseguido bastante información y esperaba que alguna fuera de mucha utilidad. A pesar del infortunio y del mal trato recibido, su moral seguía alta, quizás porque sabía con toda seguridad que sus colegas estarían reconfigurando los datos para descubrir dónde había estado el error y como remediarlo. De cualquier forma, estaba seguro que pronto vendrían a rescatarlo. Según sus cálculos, un par de semanas podría ser el tiempo necesario para ubicarlo y un par de meses, a lo sumo, para volver a poner en uso la máquina transportadora. También era consciente que la tardanza principal podría estar en la preparación del rescatista.

Debo ser cuidadoso con esta gente. Debo recordar que la religión es un asunto muy complejo donde predomina el sentimiento sobre la razón, la ignorancia sobre lo evidente y la creencia en una vida más allá de la muerte. Esta gente cree que actúa en nombre de su dios y que posee el beneplácito de aquél para sacar la verdad a cualquier costo, sin importar los medios. Casi todo lo que yo puedo decir puede hacer que me condenen a muerte de inmediato. Debo sostener, aunque me torturen, que vengo de un país lejano, más allá de los Urales. De suerte que hablo ruso… Lo que me preocupa son mis aparatos, porque no sé la impresión que a esta gente les causarán… Debo soportar un poco, se que pronto me rescatarán”.

El cuarto día tuvo visitas. Dos monjes encapuchados se destacaban porque aferraban un crucifijo que ponían ante él como un escudo. Había un par de secretarios que estaban anotando todo lo que ocurría y unos cuatro guardias armados que se colocaron detrás de tres individuos que parecían testigos.

  • Sabemos que eres un enviado de Satanás – dijo uno de los encapuchados.
  • Soy chechenio – respondió el prisionero -, mi patria queda al otro lado de los Urales y he viajado mucho para llegar hasta aquí…
  • No mientas – interrumpió el acusador -. Esos artilugios demoníacos que tenías contigo te delatan.
  • Esas cosas las encontré en mi camino. No sé qué son – explicó mientras recordaba su ordenador, su GPS, su cámara digital y su transporter.
  • Sólo dinos la verdad – insistió el otro monje -. Esos artilugios del Diablo deben ser fábricas de maldades, enfermedades, brujería y pecados. Ni los más renombrados alquimistas conocen esos materiales. Esas cosas son malignas – concluyó.
  • No – dijo calmadamente el viajero que sabía no debía decir nada al respecto -. Esas cosas estaban en los Urales. No sé qué son.
  • ¿Nos has visto la cara de tontos? – se exaltó el monje y le propinó una sonora bofetada -, ¿crees que es fácil engañar a los representantes de Dios en la tierra? Hemos invitado a alquimistas y científicos y ninguno pudo determinar qué material era ese de tus aparatos. Así que sabiendo que eso era obra del Maligno, decidimos reenviárselas a través del fuego. Espero que ya las haya recibido. Así que tus aparatos demoníacos y tus bolsitas de enfermedades ya deben estar al lado de tu Señor en lo más profundo de los infiernos. Así que es necesario que sepas, que todo eso ya no existe, que ya no tienes poder. Ya no puedes hacernos ningún mal. Además quiero aclararte, para que no te hagas falsas esperanzas, que aquí donde estas, el Maligno no puede entrar, porque hay exorcismos especiales que él no puede enfrentar. Así que te conviene confesar la verdad. ¿El Malo te envió, verdad? – inquirió.
  • Vengo de más allá de los Urales. Mi nombre es Larisov Landú. Mi pueblo vive en las estepas siberianas…
  • No nos importan tus mentiras – interrumpió el otro monje -. Di solo la verdad. Si no corroboras que vienes de parte del Maligno no podemos intentar salvarte. Olvídate de tu amo. Di la verdad y acepta a nuestro Salvador Jesucristo. Parece que no entiendes que nosotros tenemos todo el tiempo del mundo. Así que piénsalo. Solo queremos la verdad. Volveremos en una semana pero si antes de ese tiempo quieres confesarla, puedes llamarnos con el monje encargado de tu comida.

Se levantaron y se fueron dejándolo aturdido y desalentado. No sabía que hacer, pero se reconfortaba pensando que sus contemporáneos ya pronto lo salvarían. Un nuevo enviado con un transporter adicional era lo que se necesitaba.

Una semana después volvieron con la misma solicitud para que aceptara lo que ellos le proponían. Larisov estaba seguro que si aceptaba lo que le pedían, no tendrían escrúpulos en condenarlo a muerte. Ser parte de las huestes del Demonio era lo peor que podía acontecer a un ser humano en esta época.

  • La fe es poderosa. Mueve montañas – le advirtió el monje -. Con fe puedes transformarte en hijo de Dios. Es tu única salida, no hay otra dentro de esta prisión. Aquí son pocos los que vienen. Herejes sobretodo, pero también algún brujo, algunos judíos y muy pocos embajadores especiales de Lucifer, como tú. La mayoría callan la verdad, prefieren morir aquí. ¿Eso quieres? Nosotros te ofrecemos la posibilidad de salvarte. Proclama que eres hijo del demonio pero que ya no quieres serlo. Di que aceptas a nuestro Salvador. Piénsalo. No puedes ocultar tu pasado. Nosotros ya lo sabemos, pero queremos que tú nos lo digas. Salva a tu alma. El tribunal es compasivo y misericordioso. Pon tu destino en sus manos y no te arrepentirás.
  • Mi destino está en manos de mi señor Jesucristo – dijo Larisov.
  • Y crees que así nos engañarás – se burló uno de los monjes.
  • El Señor es mi pastor, nada me faltará… – dijo el viajante del tiempo pero no pudo seguir porque un golpe en su rostro lo tiró al suelo, desde donde observó como el grupo salía de la celda y la oscuridad reinante lo envolvía lentamente.

Hacer tiempo es importante. Mi gente aparecerá en cualquier momento. Aquí he perdido la noción del tiempo. Ya ni recuerdo cuántos días hace que llegué. De lo único que estoy seguro es que si yo acepto lo que ellos piden, pueden sentenciarme a muerte inmediatamente. Tengo que aguantar… Ya me rescatarán… Ni siquiera se si sería útil contactar a alguien fuera de esta celda. Ayer me amenazaron con torturarme. ¡Cómo si estar aquí no fuera suficiente tortura!”.

Después de muchos interrogatorios, le trajeron un documento para que lo firmara. Ha veces le traían a alguien que decían era su abogado defensor pero que luego desaparecía para siempre. Seguía incomunicado y eso empezaba a afectarle la salud. Los monjes que traían la comida parecían ser sordo mudos. Una lumbre al otro lado de la puerta de entrada era la única luz que recibía, y el frío que tenía que soportar fue poco a poco minando su salud. El viajero del tiempo sabía que si firmaba, se sentenciaba él mismo a la pena capital. La verdad era que de ahí nadie salía libre. La suerte de cualquier preso estaba enteramente basada en el humor que tuvieran, ese día, los inquisidores, que eran a la vez juez y jurado, fiscal y defensor.

La incertidumbre, la incomunicación, la mala alimentación y la pérdida de la noción del tiempo terminaron enfermándolo. Los temores hacia la reciente Peste Bubónica ponían a todo mundo en alerta, así que temiendo que este mal hubiera atacado a algunos presos, las autoridades penitenciarias decidieron llamar a algunos especialistas.

Uno de aquellos días en que Larisov estaba aletargado y casi moribundo, sintió movimiento en su celda y luego cuando lo examinaban ni siquiera podía imaginar que era un médico quien lo auscultaba. Cuando lo supo, quiso decir algo, pero le era imposible articular palabras. Quiso agarrar el brazo del doctor pero su mano no obedecía a su cerebro. Intentó gemir pero el facultativo lo tranquilizó explicándole que no tenía la temible enfermedad pero que debía seguir el tratamiento que le había indicado al monje. Eso lo restablecería, agregó. Larisov lloraba al no poder decir ni hacer nada, pero se tranquilizó un poco al escuchar que el doctor decía que volvería en tres días.

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