La comedia divina

La comedia divina. Ensayo sobre los textos sagrados de las diferentes religiones del mundo. Puede solicitarse a libros en red. Tambien en amazon. Puede conseguirlo en la Librería Universitaria UNAH o puede solicitarmelo directamente.

INTRODUCCIÓN

Vivo en un pequeño y muy saqueado país del llamado Tercer Mundo. Vivir aquí no es fácil, porque los ríos de corrupción, crimen, deshonestidad e irrespeto que lo inundan hacen que cada caminata por sus calles sea una odisea de aventuras peligrosas, donde la muerte puede acontecer en cualquier esquina. Pero ¿por qué nos llaman Tercer Mundo? Dicen que durante los años de la Guerra Fría, se quiso diferenciar a los países del Primer Mundo (las naciones capitalistas más avanzadas) y los del Segundo Mundo (aquellas del bloque comunista) de la gran mayoría de países en los que predominaba el analfabetismo, el alto índice de crecimiento demográfico, la inestabilidad política y la falta de desarrollo industrial. Sin embargo, una definición más ajustada a la realidad sería la siguiente: pertenece al Tercer Mundo todo país cuya mayoría de habitantes apenas comen, no tienen acceso a la educación, sólo a ellos se les aplican las leyes, viven en zonas de riesgo y en áreas nauseabundas y se mueren por falta de medicinas.

Este Tercer Mundo –igual que el Primero y el ya desaparecido Segundo– está en el tercer planeta cercano al Sol, al que llaman equivocadamente Tierra, aunque un nombre más adecuado sería Agua Salada. Y así como este planeta está dividido por sutilezas del lenguaje, también está dividido por unas líneas imaginarias llamadas fronteras, las cuales forman un intrincado rompecabezas de países donde viven más de 6000 millones de personas, todas responsables, en mayor o menor grado, de este maremágnum de ideas, costumbres, injusticias y –en lo que a este libro se refiere– de religiones que pululan por doquier. Toda esa gente, con poquísimas excepciones, vive luchando por su bienestar personal y el de sus hijos sin importarle lo que le pase al vecino ni a los hijos de este. Casi todos gozan de una virtud maravillosa llamada “fe”, que les infunde la creencia en acontecimientos, misterios y dogmas que no se pueden verificar; pues como dijo Mark Twain en uno de sus libros: “La fe es creer en lo que sabemos que no hay”. Esta “fe” se arraiga en la mente del hombre y le hace creer en un dios etéreo que le da la vida, lo ama y es el causante de todo lo bueno que le pasa. En las religiones más conocidas este dios se llama Jehová, Alá, Brahma, etc., pero en otras es o fue conocido como Nagaicho, Puluga, Bunjil, Naareau, Quetzalcoatl, etc. Y tan maravillosa es esta “fe”, que cuando algo malo le pasa a quien la posee, la culpa no es de aquel dios, sino de su acérrimo enemigo: Lucifer. Este es el culpable de todo lo malo que ocurre en el mundo, ¡y no le faltan adeptos! Muy pocos de sus seguidores, sin embargo, proclaman abiertamente que lo veneran, y muchos de los que dicen que su guía es Dios actúan públicamente como si fueran seguidores del enemigo. Vaya curiosidad.

Hay una patraña muy popular que dice que la “fe” mueve montañas, pero la verdad es que nunca ha movido más que el espíritu de los hombres que la tienen arraigada en su mente, y para quienes Dios es bondad; pero esa bondad sólo se refleja en unos pocos, ya que la gran mayoría de los que piensan así carece de las más elementales necesidades para vivir. Para los Testigos de Jehová esto debe ser normal, porque según ellos sólo 144 000 son los elegidos; pero para otros grupos religiosos sólo significa que esa gente está pagando por sus pecados, presentes o pasados.

Así las cosas, he notado que en los países ricos, donde la gente ha alcanzado un estándar de vida muy cómodo, la religión es un elemento no tan influyente. Se les ha inculcado la creencia en un Ser Supremo que vela por su bienestar y eso los hace felices, aunque la influencia que puede tener en su vida es muy leve. Pero en los países pobres la gente sueña con vivir mejor; pone sus esperanzas en ese Ser Supremo y vive para ese ser esplendoroso que parece ser sordo o desentendido, pues nunca escucha las plegarias de miles de millones de seres que padecen necesidades humanas vitales. “No sólo de pan vive el hombre”, les dicen, pero esta verdad únicamente funciona para los que comemos tres veces por día. La gente que a duras penas sobrevive camina con su libro sagrado en las manos (la Biblia, el Corán, el Bhagavad Gita…) aceptando de buena gana su desgracia, pues en su acondicionada mente le han enseñado que los designios del Señor son inimaginables, y que debe aceptar su suerte porque esos son los deseos de su dios. Ellos creen que ese Ser Supremo tiene un plan. Así lo creyeron sus tatarabuelos y posiblemente así lo creerán sus tataranietos, pero en verdad ese plan es una falacia ricamente adornada por la “fe”. Muchos siglos antes de la era cristiana, ya los hombres habían puesto sus esperanzas en esos seres todopoderosos, y para aquella gente, así como para mis contemporáneos, ese Ser Celestial era y es la solución, ¿a qué? No sé, pero es la solución. Tienen tanta “fe” que logran ser felices cuando lo alaban en sus cultos, pero no logran encontrar la felicidad fuera de esos recintos dizque sagrados. Los han engañado diciéndoles que la felicidad no está aquí, sino que la encontrarán cuando mueran, pues Dios los estará esperando para sentarlos a su lado.

¿Qué me ha llevado a escribir este libro? Pues que en este, mi pequeño y malogrado país, ser ateo es casi un crimen. La idea que flota en el ambiente es que los ateos son los criminales más desalmados del mundo, que son seguidores del demonio, que son escoria humana y, por lo tanto, ninguna persona decente puede ostentar públicamente este título. Eliminar este prejuicio es imposible, y sé que hay creyentes tan fanáticos que no dudarían en atacarme al sentirse tocados por mis palabras. En lo personal, provengo de una familia muy católica, en la cual absorbí todas las creencias que flotaban en el ambiente, y en mi adolescencia seguí recibiendo la influencia de los sacerdotes salesianos con los que estudié. Aquí podría decir, sarcásticamente, como el filósofo español Gustavo Bueno, que yo también soy un ateo católico. Durante mis primeros veinte años de vida quise hallar una respuesta a las inquietudes que surgieron en mi niñez, pero eso fue imposible.

Recuerdo que, siendo niño, dormía en un cuarto de madera en la casa de mi abuela. Todas las noches teníamos una guerra feroz contra los zancudos, que como diestros pilotos de la Fuerza Aérea nos asediaban y apuñalaban sin misericordia. Entonces me preguntaba cómo Dios podía permitir aquello e inmediatamente me recriminaba por hacer esa pregunta. Pero luego, mientras me protegía debajo de las cobijas, veía en los zancudos un castigo que Dios me enviaba por indagar aquellas cosas, y al rato, antes de dormir, me volvía a preguntar por qué castigaba a los otros miembros de la familia si ellos eran muy creyentes y no tenían culpa de lo que yo pensara. Y así, muy a menudo, estos pensamientos revoloteaban en mi cabeza; y no puedo olvidar que durante la guerra contra El Salvador veía cómo mi gente pedía a Dios que nos ayudara a ganar, mientras imaginaba que en el país vecino también estarían pidiéndole lo mismo. Estas súplicas de ayuda eran un acontecer diario en mi vida, pues también ocurría con el fútbol dominical, con las farsas políticas, cuando se iba el suministro de energía eléctrica, cuando se enfermaba alguien, etc.

De todas mis inquietudes infantiles, la única respuesta que recibía era una reprimenda, pues de las cosas de Dios no se podía dudar. Era un asunto de aceptar sin protestar, aunque mi cerebro no pudiera digerir esta explicación. Siendo así las cosas, tuve que meterme en la cabeza que Adán y Eva fueron los primeros habitantes del planeta, y que además tenían una fisonomía similar a la de los daneses actuales: ojos azules, pelo rubio y liso, nariz griega clásica, piel clara, líneas perfectas y masa corporal atlética. Digamos que en la actualidad bien hubieran conseguido trabajo como modelos en las pasarelas más importantes del mundo de la moda, o como galanes en las películas más cotizadas de Hollywood o de Bollywood.

Pero volvamos a la pregunta que me martirizó durante años: ¿existe Dios? En la actualidad puedo contestar que obviamente para mí no pero sí para los que tienen fe. Soy amante de las matemáticas y no filósofo, y por lo tanto no daré argumentos propios ni citaré los de aquellos estudiosos que atacan o defienden de manera filosófica, metafísica, teológica, científica o cantinflesca este tema, pues de hacerlo llenaría páginas y páginas y nunca terminaría. Pero sé que puedo preguntar lo siguiente: ¿alguien lo ha visto? Y puedo responder, quitando las fábulas de los textos sagrados, con total certitud: ¡No! Nadie lo ha visto. Pero algunos me dirán que han sentido su presencia, y que les ha ayudado en todos los acontecimientos de su vida. No voy a cuestionar esto, aunque tampoco voy a cuestionar a aquellos que dicen haber visto fantasmas y a los que creen en brujerías, en el Tarot, en la quiromancia y en ungüentos que sirven para retener al consorte. Yo, sin embargo, no tengo fe religiosa, y por eso tengo la libertad de preguntarme lo que se me venga en gana. Si alguien me quiere hablar de su dios, ya sea cristiano, judío, mahometano, sintoísta, hinduista, taoísta u otro, tendría que comenzar explicándome por qué su dios permite que un sádico viole y mate a una bebé; por qué permite la existencia de asesinos; por qué permite que gente inocente muera incinerada por las llamadas bombas inteligentes; por qué permite que, en su nombre, dos grupos de religiones diferentes se masacren sin misericordia; por qué permite que jóvenes en su nombre se conviertan en bombas humanas; por qué permite que gobernantes de países poderosos proclamen a diestra y siniestra que Dios está con ellos cuando masacran a gente de países que no siguen sus dictados; por qué permite que las mujeres sean consideradas seres de segunda en muchas sociedades del mundo; por qué permite la existencia de niños de la calle; por qué permite que tipos sin moral se enriquezcan predicando su palabra… Paro aquí, porque tengo decenas de preguntas similares pero no es mi intención realizar un cuestionario.

Por otro lado, en conversaciones con creyentes he obtenido respuestas a mis preguntas, y estas varían según provengan de miembros de este o aquel grupo religioso. Son pruebas, dice la mayoría. Para unos es que el hombre se ha alejado de su dios; para otros significa que el hombre ha errado sus pasos. Los católicos tienen un cuento más bonito, más infantil, más ingenuo también. Son efectos del pecado original, dicen. Antes de este, el hombre poseía gracias y virtudes sobrenaturales, era inmortal, no padecía enfermedades y nunca sufría de cansancio. Todo su ser se inclinaba hacia el bien, y como comía lo justo, tenía un cuerpo saludable. Lo que no logran descubrir los católicos debajo de este cuento es que el dios que creó al hombre ya traía acumulados, en su creación, varios errores. Uno de los primeros se debió a su falta de carácter, ya que no pudo evitar que uno de sus subalternos se pusiera en su contra, y en vez de eliminarlo, cerró los ojos y dejó que aquella aberración –llamémosla Satán– hiciese cosas en contra de sus designios. Este provocador de las peores bajezas universales, que bien pudo haber sido borrado con un solo soplo divino, engañó a la mujer, y ella al hombre. Ese demonio les aseguró que si comían del árbol que Dios les había prohibido comer serían como dioses y conocedores del bien y del mal. Así pues, haber probado esta fruta fue el pecado imperdonable, y de este se originaron los otros pecados. Un error del dios originó los otros, y el Sapientísimo se lavó las manos y les echó la culpa a sus criaturas. Contéstenme: ¿para qué un árbol prohibido? Si quería saber si sus criaturas le obedecerían, hubiera sembrado un fruto venenoso y al verlos muertos hubiera procedido a crear otra pareja eliminando los errores preliminares. Pero siguiendo con el cuento del pecado original, él permitió que ocurriese, pues estaba ahí. ¿O eso de que es omnipresente es una farsa? Además, él mismo provocó la acción, pues antes había incitado la curiosidad de aquellas criaturas al decirles que era prohibido tocar aquel fruto suculento. Pero aquí hay otro asunto importante que debemos mencionar, y es que en el “Paraíso” el hombre era inmortal, pero luego del pecado original devino mortal. Este pecado del hombre no sólo lo heredó su descendencia, sino que también afectó a todos los animales creados, pues aunque ellos no tenían nada que ver con el susodicho pecado, también les amoló su inmortalidad, también los hizo víctimas de las enfermedades y vulnerables al cansancio. Bueno, en esto a lo mejor ando equivocado, y quizás antes del pecado original los animales ya no eran inmortales, pues de haberlo sido ¿cómo se habrían alimentado los leones? ¡Con carne de soya, quizás! ¡O eran vegetarianos!

En esta parte, el islamismo tiene un cuento similar al del cristianismo. Al igual que en la Biblia, Alá les advirtió que no comieran del árbol prohibido, pero Adán no obedeció y esto causó el también llamado pecado original, el cual les hizo perder sus ya mencionadas características sobrenaturales. Sin embargo, hay una pequeña diferencia, y es que para los musulmanes el hombre nace en un estado natural de pureza, y lo que le ocurre después depende de influencias externas y factores ajenos a él. El musulmán cree que Adán pecó, pero también cree que Dios, siendo misericordioso y justo, lo escuchó y lo perdonó.

Hablando de la manera en que las personas afrontan sus propios problemas, en el transcurso de mi vida me he encontrado con tres estereotipos. El primero lo forman aquellas personas que no son capaces de hacer las cosas por sí mismas y recurren constantemente a solicitar la ayuda del Todopoderoso. Lo positivo lo adjudican inmediatamente a Él, y lo negativo es obra del Demonio. Colocan cualquier acontecer intermedio en un extremo o en otro, dependiendo de si se acerca más a un polo o a otro, según sus propios criterios. El segundo tipo de personas es el de aquellas que creen que tienen la energía en sí mismas pero necesitan la supervisión del Omnipresente para que las cosas salgan bien. Cuando no lo logran, se consuelan pensando que no se esforzaron lo suficiente para lograr la ayuda divina. Lo realmente malo también se lo adjudican al íncubo más perverso. Y por último, está el grupo de los que se sienten capaces de lograr lo posible creyendo poseer en ellos mismos la energía necesaria para esto. Tales personas, cuando algo bueno o malo les ocurre, adjudican ese hecho a las circunstancias de la vida, a las oportunidades del momento y a sus propias decisiones en ese instante.

Pero bueno, paremos aquí, que quiero que conozcan al primer hombre, o mejor dicho: a los primeros hombres.

CAPITULO PRIMERO

 

 

Esto pasa… en las religiones: cuanto más mala es la vida para un hombre o cuanto más oprimido o indigente está todo un pueblo, tanto más confiadamente sueña con los galardones del paraíso.

      Fiodor Dostoievski

 

LOS PRIMEROS HOMBRES

 

 

Aunque las diversas religiones no lo acepten, es una verdad histórica e indiscutible, que el cerebro humano ha venido aumentando su volumen y con esto, su capacidad intelectual. No aceptar las pruebas al respecto, es una característica de las mentes obnubiladas por una idea, y lamentablemente, los creyentes caen en esto, porque se les ha enseñado desde niños, que la duda no debe albergarse en los corazones que aman a su dios. En el Islam, por ejemplo, tener dudas de este tipo es casi como suicidarse, mientras que en el catolicismo, es un pecado que solo dios, a través de los sacerdotes, puede perdonar… Las religiones suponen que el hombre fue creado por un ente todopoderoso y que desde ese momento, tenemos la capacidad intelectual que gozamos hoy en día. Sin embargo los fósiles encontrados, alrededor del mundo, en los últimos cien años, nos enseñan que el hombre tal como lo conocemos, a penas tiene unos dos millones de años, cuando mucho. Pero como este asunto lo tocaremos al final de este capítulo, quiero que volvamos al asunto del cerebro. En algún momento de la prehistoria, el cerebro humano seguía las pautas de nuestros animales: buscar comida, cobijarse bajo la protección del individuo más fuerte, abrigarse de las inclemencias del tiempo, aparearse cuando los olores vaginales los cautivaban, evitar el peligro y huir despavoridos ante la furia inexplicable de la naturaleza…Me gustaría especular un poco, pero hay tantas teorías que prefiero que cada quien tome una a su gusto. A mí en lo personal me gusta esa que afirma que alguno o algunos de aquellos seres, observaron que la caza era más fácil bajo ciertas condiciones. Nuestra debilidad con respecto al poder físico de muchos animales, pudo hacerles creer que había fuerzas intangibles a su favor, a la vez que había otras que se les oponían. La conciencia de su ser y la convivencia diaria con la muerte, debió hacerles surgir, la idea de que no era posible acabar como los animales. Se inventaron la idea de que al morir, viviría en otra parte. Esa puede ser la razón por la cual suministraban al difunto, herramientas y objetos de uso común. Con respecto a esto, también las explicaciones abundan, así como los cuentos que nos relatan la creación del hombre. Dependiendo de la época, de la ubicación geográfica y de la creencia religiosa ahí practicada, tenemos una serie de relatos maravillosos que nos narran el surgimiento de nuestro primer ancestro. Es tan grande el abanico de cuentos que se me hace imposible recoger en pocas páginas, todas las historias que he encontrado, por lo que solo mencionaré unas cuantas.

 

Comencemos en la antigua Persia, donde se adoraba a Ahura Mazda, el creador del mundo, quien había depositado algunos de sus conocimientos en Yima, el primer hombre. Para los persas, Yima era el más bello de todos los hombres de todos los tiempos y tenía su domicilio en unos paradisíacos jardines donde deambulaba alejado de cualquier influencia del espíritu maligno. Ahura Mazda tuvo el esmero de enseñarle la religión que deseaba practicaran sus seguidores: la Aryan. Para lograr sus objetivos, le dejó el libro sagrado que tenían que venerar y seguir: El Avestas. Aquí tenemos que aclarar algo y es que este debió ser el momento cuando le enseñó a leer. Supongo que a escribir también, aunque leer y escribir no necesariamente debe ser un acto unitario. Dejemos este problema a los filósofos y continuemos con el relato. Hay otro dato curioso en esta historia, y es que cuando Ahura Mazda se refiere a aquel hombre, no lo llama “hijo mío”, sino “hijo de Vivanghat”, el cual es un nombre, no del creador del universo, sino más bien un dios de la jerarquía cósmica Zoroástrica. ¡Qué enredos! ¿verdad? La historia sigue narrándonos que Yima, queriéndose mostrar agradecido con su dios, le aseguró a éste, que se encargaría de propagar las enseñanzas de su religión a la humanidad, a lo cual, Ahura Mazda contestó que no lo había creado con esta intención, y que además no tenía los conocimientos necesarios para esa tarea. Le advirtió que no se considerara el Mensajero de la religión, por lo que Yima bajó la cabeza y aceptó aquella primera reprimenda de su dios, pero le aseguró que lucharía por convertirse en rey para lograr dicha propagación. Agregó que en su reino no habría excesivo calor ni excesivo frío, ni enfermedades ni muerte. Como pueden ver, fue el primer político de la historia. Todos sus súbditos serían felices e inmortales. Supongo que Ahura Mazda quedó desconcertado ante tanta arrogancia, pero en todo caso, hizo creer a aquella su creación, que estaba satisfecho y feliz por lo que oía y para mostrar su gozo, le regaló una herramienta de trabajo: un arado de oro con puntas afiladas del aurífero metal. Con este objeto divino, se convirtió en el rey más justo y el más grande que los aryanos conocieron. Aquí nos dejan un poco en ascuas, pues nos hubiera gustado saber cómo hizo ese hombre, para procrear a aquella tribu que algunos años después dirigía. El relato continúa asegurándonos que después de 300 años, (recordemos que aquella gente no tenía nuestros calendarios, por lo que 300 años pueden significar 300 lunas llenas o 300 crecidas fenomenales de sus ríos), la tierra de los aryanos prosperó tanto que se llenó de animales, pájaros, hombres, perros y rojas llamas de fuego. Todas las familias tenían estas llamas en sus casas y la población en general había crecido tanto que ya no había lugar para más animales ni hombres. Entonces Yima buscó nuevos lugares, y con el arado divino pudo extender las tierras cultivables más allá del reino original. Después de 600 años, ocurrió lo mismo, por lo cual las tierras tuvieron que extenderse un poco más, y luego, un poco más, de tal forma que en la actualidad, continuamos un poco más con ese avance… El problema fue, que al avanzar los dominios de los hombres, alcanzaron las tierras del demonio, por lo cual éste se vio obligado a contraatacar. Así, en los primeros 1000 años, Yima tuvo que emitir leyes para mantener el orden, pues el demonio deambulaba por doquier gozando con sus travesuras. Los calores y los fríos se incrementaron, los animales feroces atacaron en todos lados, y el mundo fue dañado irremediablemente. Ya no había animales y la tierra no daba más cultivos, por lo que Yima tuvo que construir una gran Vara, o sea una construcción del tamaño de un campo de carreras, aunque la verdad es que debió tener dimensiones colosales, pues ahí metió a los hombres, a los animales domésticos, a los pájaros y la ya mencionada flama roja. Dentro pudo construir canales de agua, y movilizar toneladas de tierra para poder sembrar las plantas alimenticias que se necesitaban. En este momento debió inventar los fertilizantes que le ayudaron a hacer producir la tierra dañada. Separó a los animales en compartimientos especiales y además, utilizando únicamente flores, fabricó cuartos para las parejas jóvenes. No sabemos por qué razón se olvidó de construir cuartos similares para las parejas de mayor edad, aunque puedo especular que en ese momento ya había inventado lo que nosotros conocemos como divorcio.

 

Para los Hindúes, Manu significa hombre, y son 14 los progenitores de la humanidad, quienes gobiernan el mundo de manera individual por un período de tiempo llamado “manvantara” y cuya duración es de algo más de 4,000,000 de años. El primer manu se llamó “Svayambhuva”, que significa “hijo del que existe por sí mismo”, o sea que nos referimos al dios Brahma que quiere decir “el absoluto”. Según las narraciones provenientes de un poema épico denominado “Mahabharata”, este manu fue el autor del Manu Smriti o sea la Ley del Manu, un código de leyes que en 100,000 versos contaba el origen del mundo. Ya me imagino cuántos días se tardaba una persona en leer aquel código, por eso los seguidores de esta doctrina lo redujeron drásticamente, y hoy solo consta de 2,685 versos, divididos en 12 libros. No pude encontrar nada referente a la creación de estos primeros hombres, ya que lo que dejaron en estos versos solo contiene normas para la celebración de rituales y ceremonias, pero parece que la función principal es la de fortalecer el sistema de castas que divide a la India, en “personas” y en “casi personas”. Dado que los brahmanes pertenecen al primer grupo, es fácil comprender la veneración que tienen por estos libros.

El manu actual se llama Vaivasvata, hijo de Vaivasvat (el Sol). Este manu de nuestros días, es el mismo que realizó proezas similares a las del bíblico Noé, en la versión hindú de la historia del diluvio.

 

 

En China, el dios que se desarrolló de la nada fue P’an-ku. Cuenta la historia que estaba dentro de un huevo cósmico donde se sentía sofocado porque no podía moverse, y de ahí le surgió la maravillosa idea de crear los cielos y la tierra. Los comenzó a hacer dentro del huevo, así como también dentro del huevo creó a la mujer y al hombre. No sabemos cómo ni cuánto vivió, pero si sabemos que el huevo fue creciendo unos 3 metros cada día y 18,000 años después, eclosionó, causandole la muerte por tanto esfuerzo. Cuando esto ocurrió, su cuerpo se degradó y surgieron de él los diversos elementos naturales. De sus ojos salieron el sol y la luna, de su sudor la lluvia y el rocío, de su voz el trueno y ¡Oh qué maravilla!, los hombres actuales surgieron de las pulgas que lo acompañaban. Este origen no es muy halagüeño, por lo que los seguidores de esta creencia, intentaron esconderlo, aferrándose a un personaje más humano, más atractivo, más hermoso. Surge aquí, el denominado Emperador Amarillo (Huang Ti), quien se dice que gobernó por cien años allá por el 2,600 antes de la era cristiana. Se le atribuyen todos los inventos de la época, entre ellos, la ropa, el transporte, las armas, la música, el aprovechamiento de la seda, el lenguaje, las matemáticas, el calendario y otros. En esa época todo era felicidad, incluso para los animales, pues las bestias salvajes y las aves de rapiña no mataban. Los libros no lo mencionan, pero supongo que en esa época, nuestros animales carnívoros, eran vegetarianos, o P’an-ku les servía periódicamente un trozo de su manjar predilecto proveniente de un replicador, similar al que usa la tripulación del Enterprice en las películas de Viaje a las Estrellas.

 

Las leyendas aztecas nos cuentan que nuestros antecesores eran semidioses nacidos de la madre tierra. Ubicaban a estos seres, en el norte de México, en un lugar llamado Aztlan. De estos primeros hombres surgen las tribus nómadas Chichimeques, que uniéndose a los Teotihuacanes dieron origen a la civilización Tolteca, la cual estaba resguardada por los dioses del viento (Quetzalcoatl) y de la lluvia (Tlaloc). Los aztecas, provenientes de los Chichimeques fueron protegidos por el dios de la guerra (Hitzilopochtli) pero adoptaron a los otros dioses antes mencionados cuando buscaban la tierra prometida. Esta fue encontrada en el año 1,345, cuando vieron un águila que devoraba una serpiente en el pantano de Texcoco. Ahí fundaron Tenochtitlán, hoy Mexico D.F. El mundo azteca al igual que el de los habitantes de la América Central, creían en un desarrollo cíclico del universo. Los aztecas creían que cuatro universos habían sido destruidos y que ellos habitaban el quinto. En el primero, la tierra estaba habitada por gigantes. El sol dejó de brillar y los jaguares aprovecharon para comerse a esos hombres. En el segundo universo los hombres se habían convertido en monos, pero un viento violento se llevó de nuevo al sol y destruyó este segundo mundo. En el tercer sol los hombres eran pavos. En el cuarto ocurrió un diluvio que transformó a los hombres en peces. Para los aztecas, este universo actual, también estaba destinado a ser destruido y a ser sustituido por el sexto.

 

En el centro de Africa, habitan los Bámbara, quienes se imaginaron que el vació original del universo tenía un sonido. A esto lo llamaron Glan. Pues este sonido creó una imagen con la que se unió y formó un pensamiento real, al cual denominan “Yo” o pensamiento realizado. “Yo” creó la tierra y para que ésta fuera productiva, creó el cielo, con la finalidad de que lo fertilizara con sus lluvias. Resulta que de la tierra surgió Mousso Moroni, su hermana gemela y a la vez su mujer. Por su parte, el cielo también creó mujeres gemelas, las cuales fueron las madres de los primeros hombres. Pero resulta que la tierra no se conformó con Mousso Moroni, y buscó a las hembras humanas, lo cual enfureció, no sin razón, a su hermana gemela y mujer. Su ira fue tanta, que reveló los secretos de la tierra a la humanidad, introduciendo así el caos en el mundo. La tierra respondió a esto, haciendo mortales a los hombres, mientras que el cielo se puso a crear genios que ayudaran a mantener el orden entre tanto problema.

 

Los Bosquimanos, siempre en Africa, tienen una historia parecida. Para ellos, el creador del mundo es Xangwa y sus ojos son las estrellas. Este creó a la mujer-tierra y a su pareja el hombre-cielo. Después creó al hombre-sol y a la mujer-luna. Sin embargo, parece que aun no estaba satisfecho, por lo cual creó al hombre-león del cual descendemos definitivamente.

 

Quisiera contarles la leyenda del primer hombre en la civilización Celta, pero extravié mi camino cuando me vi zambullido en un mundo plagado de dioses que tenían por madre, hermana, esposa y amante, a una mujer llamada Brigit. Aquello era un caos, y por eso no escribo nada al respecto, solo diré que al final, una cruenta batalla hizo triunfadora al grupo de la diosa Dana lo que permitió el avance imparable de los Goidels, que son los antepasados del pueblo irlandés.

 

Los Dogones que habitan en el centro de Malí, suponen que el creador del mundo es Amma quien hizo un huevo infinitesimal conteniendo dos yemas que nutrían cariñosamente a dos gemelos. Uno de ellos, Yurugu, rebelde por causas inexplicables, se ha escapado prematuramente de una de las mitades del huevo, con la intención de dominar la creación. Mientras escapaba, se ha robado una parte de la otra yema, con la esperanza de llevar ahí a Yasigi, su hermana gemela. Sin embargo Amma ya sabía lo que iba a pasar y tomó las previsiones del caso por lo cual Yurugu quedó desconsolado y tuvo que acoplarse con la Tierra, que fue en lo que se convirtió el trozo de yema robado. Cómo esto era su propia yema maternal, cometió así el primer incesto de la historia, lo que ha hecho que la Tierra sea seca y estéril. Por su parte Amma queriendo rectificar este fracaso de su creación, sacrificó al gemelo resguardado, regenerando así la vegetación del planeta. Con el otro gemelo creó a dos seres humanos, varón y hembra quienes de su unión tuvieron 8 hijos que han sido enviados a la tierra para convertirse en los antepasados mítico celestes de esta cultura.

 

Y cuando hablamos de los egipcios, volvemos a disfrutar de una especie de telenovela, donde el dios Ra surge del caos y crea al dios del aire (Chou) y a la diosa de la humedad (Tefnout). De estos nacieron la tierra (Geb) y el cielo (Nout) de quienes nacieron cuatro personajes, dos varones (Osiris y Seth) y dos hembras (Isis y Nefrite). Seth se convirtió en la fuerza del mal, mientras que Osiris se dedicaba a los placeres sexuales con las dos mujeres, con quienes tuvo a Horus y Anubis que son los descendientes directos de los faraones.

 

Los griegos creyeron que el creador del universo era la diosa Eurynome. Son los únicos que dieron este atributo a una mujer. Esta diosa salió del caos, y separó el cielo de los mares. Luego de esto, ha bailado desnuda sobre las olas y con sus movimientos ha creado los vientos. Después, ha tomado al viento y lo ha frotado contra sus manos para crear una serpiente llamada Ofión, con la cual hizo el amor. De esta unión, Eurynome dio a luz el Huevo del Mundo y de aquí surge el cosmos y todo lo que contiene. Ofión proclamó que él era el creador del universo por lo que Eurynome lo echó de la residencia de los dioses (el Monte Olimpo), y lo arrojó al mundo de las tinieblas. Después que la diosa estableció siete planetas, creó al primer hombre, llamado Pelasgo, que surgió de la tierra, y enseñó a su descendencia a comer bellotas, a construir chozas y a confeccionar vestimentas.

 

El cuento hebreo nos dice que Dios creó el universo en siete días. En el primero, separó la luz de las tinieblas. En el segundo, pidió que hubiera una extensión entre las aguas y así, separó el agua que estaba debajo de la extensión, de las aguas que estaban arriba de dicha extensión. A esta extensión Dios la llamó Cielo. En el tercero, dividió el planeta en mares y en tierras secas. Dios estaba creando cosas a ciegas, pero al observarlas, vio que eran buenas, por lo que decidió que creciera vegetación con semillas sobre la tierra. En este momento no se dio cuenta, pero las semillas le hicieron una mala pasada, pues en los mares también surgió vegetación al igual que en la tierra. En el cuarto día, inventa el tiempo, y para que los seres que pronto colocará ahí puedan medirlo, colocó dos grandes luces, una para el día y otra para la noche. Para la noche también inventó las estrellas, ¡cómo si las estrellas no estuvieran también de día! En el quinto, digamos que creó a los animales del mar y de la tierra. En el sexto, creó al hombre y a su pareja y les ordenó que crecieran y dominaran la tierra. En el séptimo día, cuando tenía que dar las instrucciones precisas al hombre para que no destruyera su creación, ya estaba tan cansado que se olvidó de dar dichas instrucciones. Yo me preguntó, ¿por qué no dio las instrucciones en el octavo día, o en el noveno? ¿O será que no pudo disfrutar del octavo día, pues el cansancio lo mató?

 

Los cristianos e islámicos siguen la creencia hebrea de la creación.

 

En lo que se refiere a los Incas, Viracocha era el dios supremo, pero después de crear al Sol y a la Luna, decidió retirarse y dejar todo el trabajo a los dioses secundarios. Cuando el dios del Sol (Inti) se acopló con la suprema Madre-Tierra (Pachamama) surgieron cuatro hermanos (Manco, Kachi, Uchu y Ahuka), cada uno con una hermana-esposa. De estos solo Manco y su hermana-esposa Mama Occlo sobrevivieron y lograron establecerse en Cuzco, lugar donde su bastón de oro penetró suavemente la tierra, indicándoles que estaban precisamente en el ombligo del mundo. Este ser se convirtió en el primer inca, por lo que se le conoce como Manco-Capac.

 

En la cultura Maori, los dioses principales son Papa, diosa de la tierra, y Ranji, dios del cielo. Ambos dioses estaban muy enamorados, tanto que no querían dejar de abrazarse. Esta unión tan sólida evitaba que la luz llegara al mundo, pero no pudo evitar que Papa quedara encinta. Nacieron muchos niños, pero estaban atrapados en aquel abrazo marital. Tane, uno de los niños, convenció a los otros para que separasen a sus padres, pero a pesar de muchos intentos no lo pudieron conseguir. Finalmente Tane logró hacerse muy pequeño y así deslizarse entre sus padres. Colocó sus pies en su padre y su espalda en su madre y comenzó a pujar. Empujó horas, las cuales se transformaron en días y estos en años y estos en décadas, pero finalmente lo logró. Al separarse sus padres, la luz llegó al mundo, y así las plantas pudieron desarrollarse. Pero los padres estaban muy tristes debido a su separación y no pudieron controlar sus llantos. Las lágrimas de Ranji se transformaron en ríos que amenazaban con inundar el planeta. Uno de los niños tuvo la magnífica idea de girar a su madre, para que su padre no le viera el rostro. Esto aminoró la cantidad de lágrimas, pero aún se pueden ver en el rocío de la mañana.

 

Los Mayas creían que los creadores del universo eran la pareja de dioses formada por Itzamná y su mujer Ixchel. Los mayas aceptaban que estos dioses habían hecho algunos intentos para crear al hombre. Ya había dos tentativas anteriores, la primera de las cuales, indicaba que el hombre había sido formado de barro, pero que no podían moverse, ni hablar y menos adorar a sus creadores. La segunda tentativa la hicieron con madera, pero resultaron tan locuaces y ágiles que no adoraban a sus creadores. Para destruirlos les envió un diluvio, y los que no murieron en él, se transformaron en monos. Finalmente los formó del maíz, pero resultaron demasiado perfectos, por lo que los dioses les turbaron la inteligencia y así, los transformaron en unos seres más dóciles y capaces de adorarlos.

 

El momento del surgimiento del hombre según las diferentes religiones varía considerablemente, sin embargo, según las investigaciones científicas, nuestro sol tiene actualmente una vida de 4 mil millones de años, y los vestigios de seres con características humanas encontrados hasta el momento, nos dicen que caminaron por nuestro planeta hace unos 5 millones de años. Hablando de los primeros denominados Homo, éstos dejaron sus huellas hace unos 2 millones de años. En la región africana del lago Turkana en Kenia, se han encontrado vestigios humanos con una edad aproximada de 4.1 millones de años, y existe un fragmento de mandíbula encontrado en Lothagam, en 1967, que se supone es la parte del homínido más antiguo encontrado. Los datos de datación de este fragmento, nos dicen que tiene 5.6 millones de años.

 

Hablemos de Lucy. ¿Quien es Lucy? Comenzaré diciendo que si viéramos una fotografía de su rostro, diríamos que es un gorila, sin embargo, sus huesos demuestran que caminaba erguida. Fue encontrada por el paleo-antropólogo norteamericano Donald Johanson, en Hadar, Etiopía, en 1974. Su mandíbula es prominente, su frente amplia, sus mejillas anchas, el volumen de su cerebro tiene un tercio del humano actual. La datación de sus huesos nos indica que tiene 3 millones de años, siendo por eso el homínido más antiguo y más completo encontrado. Cualquiera puede dudar de los métodos de datación, pero la prueba del carbono 14 es eficiente y además, ahora es respaldada con las pruebas realizadas mediante cristal único con fusión por láser, la cual permite obtener fechas más exactas. La prueba se basa, en un rayo de láser que funde un cristal de feldespato potásico, el cual libera gas argón. Como el argón se acumula en el cristal a ritmo conocido, la cantidad liberada revela la antigüedad de la pieza en estudio. El margen de error es de menos de 1 %. Apoyados en estas pruebas, podemos afirmar que Lucy vivió hace 3,18 millones de años, con solo un error de más o menos 10,000 años. Pero los descubrimientos han continuado y luego se encontró otra pieza ósea perteneciente a otro homínido, quien vivió hace 4.1 millones de años. Y después otro de hace 4.4 millones de años.

 

Hace dos millones de años, los primeros Homo ya mostraban características humanas. En este momento el volumen del cerebro era un poco más de la mitad del cerebro actual. Se han encontrado herramientas de hace 2,6 millones de años. El uso de éstas, probablemente coincidió con el aumento del tamaño cerebral. Y a medida que los primeros homínidos se hacían más inteligentes, fueron elaborando mejores utensilios. Aquí es cuando pudieron haber descubierto que a veces no solo las habilidades ayudan a encontrar lo que se busca, sino que también el azar tiene algo que ver. Y poco a poco fueron creyendo que el azar era una fuerza poderosa que los ayudaba o los hacía fracasar. Decidieron ponerse en paz con aquella fuerza y poco a poco nació un culto a eso desconocido que siempre estaba con ellos. La lluvia, el viento, el fuego, la luna, el sol, las estrellas, la noche, el agua…

 

3 respuestas para “La comedia divina”

  1. Walter Melgar

    Paresiera que soy yo el dueño de su correo, toda mi vida me he visto en la nesecidad de descubrir la verdad para tener la respuesta a infinidad de preguntas que se derivan del tema de la creación y la evolución, al final ninguna de las dos me da una respuesta satisfactoria en cuanto a como es que existimos. Y como el tema es extremadamente amplio me gustaría si es posible, reunirme con usted, gracias.

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